Solis Caballero Juan Manuel entrevista 1301
La vida de una princesa.
La familia Borgia ha sido conocida a través de la historia como la primera gran familia del crimen, ya que se dice que son ellos quienes encarnan, y a la vez ocultan los pecados de los pontificados obscuros de todos los tiempos.
Esa distinción no es obra de la casualidad pues las historias de sus integrantes son motivo suficiente para ello. Lucrecia Borgia hija de don Rodrigo Borgia, mejor conocido como el Papa Alejandro VI, es una hermosa mujer victima de la infamia y la desgracia.
Su infancia
Cuándo niña recuerdo haber sido muy feliz ya que mis padres Rodrigo Borgia y Vanozza Cattanei siempre se preocuparon por darnos lo mejor, cosa que no era difícil para mi padre, pues al ser un hombre muy poderoso primero como Cardenal, y luego como Papa, siempre lo tuvimos todo; aunque no siempre fue así.
Desde niña siempre he recibido halagos por mi belleza lo que me hizo mucho bien, aunque eso a veces molestara a mi hermano quién siempre ha sido de lo más berrinchudo.
La vida en familia
No es fácil ser la hija del Papa y nunca lo fue, desde que el era cardenal tuvimos poco contacto con el pues sus ocupaciones lo apartaban mucho de casa, además de su otra familia.
Todo empeoro cuando lo nombraron Papa, pues como dicen, una cosa es que un cardenal tenga uno que otro desliz y otra muy distinta que el jefe máximo de la iglesia cometa esa clase de errores. Eso provoco que nuestra familia se separara y nunca volviera a ver a mi madre.
Las relaciones amorosas
En mi vida yo tuve dos grandes amores Giovanni Sforzza y Alfonso de Nápoles ambos arreglados debidamente por la conveniencia política de mi padre, aunque al fin y al cabo llegué a ser feliz con ambos.
Al principio con Gianni, mi primer esposo, me fue muy difícil el matrimonio, pues el, un hombre mucho mayor que yo y para nada atractivo me causaba repulsión, pero con el tiempo y gracias a su bondad pude llevar una buena vida.
Esta es solo una parte de la fascinante historia de Lucrecia Borgia quien ha tratado de luchar contra la maldición de su familia
miércoles, 24 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Monroy Cajiga Emmanuel
Grupo: 1301
Armen Nazarian
La lucha grecorromana es un deporte muy practicado en todo el mundo, desde épocas muy remotas, hay escritos que datan del año 2470 a.C. donde podemos encontrar versos que describen este tipo de combate.
Éste también era uno de los deportes más clásicos y tradicionales de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, todo aquel que ganara en esta disciplina era considerado como un hombre de gran valor y fuerza; por esto muchos hombres sobresalientes de todos los tiempos han practicado la lucha grecorromana. Tal es el caso de Espartaco, Aquiles, Aristóteles entre otros.
Hoy en los Juegos Olímpicos de la era moderna ha nacido otra leyenda de tan sólo 1.60m de estatura y un peso de 60kg su nombre es Arman Nazarian, con una presentación de 3 medallas olímpicas y 6 mundiales. Intimida a muchos deportistas de esta disciplina.
Los competidores cuando se han enfrentado a él, dicen que es un deportista que impone respeto por su espíritu de combate y su gran fuerza.
El pasado fin de semana estuvo en México para ver el torneo de lucha grecorromana más importante de este país (Nacional de 1ra Fuerza de Luchas Asociadas). Logramos que nos diera en exclusiva una entrevista y esto fue lo que nos dijo:
¿Dónde naciste?
Nací en la Unión Soviética Socialista de Armenia un 9 de Marzo de 1974, es un lugar muy bonito y tranquilo para vivir.
¿Dónde iniciaste tu carrera deportiva como luchador?
Empecé a la edad de 8 años en la Unión Soviética Socialista de Armenia y competí por ella hasta el día de su desintegración, posteriormente fue por Armenia.
¿Sigues perteneciendo al equipo de Armenia?
No, emigré a Bulgaria en 1995 para formar parte de este equipo. Tiempo después me dieron la nacionalidad búlgara y desde entonces he pertenecido al equipo de esta nación.
¿Cuáles serían tus más grandes logros?
El primero y el mejor es mi familia, después serían mis medallas olímpicas y mundiales que fueron las que me colocaron en el salón de la fama de FILA (Federación Internacional de Luchas Asociadas).
¿Podrías platicarnos un poco más acerca de cómo conseguiste tus medallas?
Cuando gané mi primera medalla olímpica todavía pertenecía al equipo de Armenia, fue en Atlanta 1996 cuando gane el oro en la categoría de 52kg después cuando ya pertenecía al equipo de Bulgaria en Sydney me logré subir a lo más alto del podio pero esta vez en 56kg, en la olimpiada de Atenas 2004 yo competía ya en la siguiente categoría (60kg) esa vez obtuve el tercer sitio.
Mis medallas de mundiales las obtuve en ese lapso: 2 de oro, 2 de plata y 2 de bronce en ese orden.
¿Le debes a alguien todos estos triunfos?
Por supuesto, a mi querido entrenador que siempre a estado apoyándome, cuando yo ya no puedo él siempre ha estado ahí para motivarme, más que un entrenador, es un padre y un gran amigo, él es el verdadero campeón.
¿Piensas que todavía te faltan más triunfos en tu carrera como deportista?
Siempre hay algo más que dar nunca dejas de superarte, entonces creo que todavía puedo aportar algo para mi equipo y para el mundo. Como decía un sabio: “los más fuertes de todos luchan toda la vida” y mientras tenga vida seguiré luchando, ya que la vida no me enseñó a luchar, la lucha me enseño a vivir.
Entonces ¿ves lejos tu retiro?
No, de hecho en estos juegos olímpicos de Beijing 2008 no competí para ganar, solo quería ver cuánto ha crecido el nivel competitivo en el mundo, ya que esos Juegos Olímpicos serán los últimos para mí, ya me voy a retirar, era mi despedida como competidor, eso no quiere decir que me voy a alejar del mundo de la lucha grecorromana.
¿Qué planes tienes para cuando te hayas retirado?
Pues sacar talentos deportivos ya que desde hace tres años soy entrenador de un equipo de EUA, espero dar algún día un campeón olímpico.
¿Puedes darnos por último un mensaje?
Mi entrenador me dijo una vez que un perdedor no es aquél que es derrotado, sino el que no aprende de ese error, y más que un mensaje es una frase que escribían en el pizarrón donde entrenábamos: que para ganar sólo había dos pasos: el primero es atacar, cuando le preguntamos al entrenador que puso esa frase cuál es el segundo paso no respondió se quedo callado un momento y luego dijo: “ninguno por que nunca dejas de atacar”.
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