miércoles, 13 de mayo de 2009

Los rezagos de la influenza

Estaba a punto de ponerme la pijama para ir a dormir; una de esas ligeras que sirven para combatir el endemoniado calor que asecha ya a Chilangolandia, prendí el televisor para enterarme un tanto de las últimas noticias del día o quizás las misma del noticiero de las 3 y de las 7, -siempre usan las mismas notas para todo el día, los mismos temas, los mismos reporteros, las mismas palabras, y las mismas tendencias- pensé, no alcancé a encenderlo cuando papá gritó –Andrea ¿Ya viste las noticias?, mañana no tienes clases, ponle al 2- lo hice, apareció Dóriga con el mismo traje ajustado de todas las noches, con el mismo gesto de equilibrio emocional, con la misma estúpida cara de seriedad, anunciaba la noticia de una epidemia que ya invadía Estados Unidos y empezaba con nosotros, proclamaba la orden de suspender las clases para todos los niveles educativos dada por el gobierno, -debe ser solo para los de guardería hasta secundaria, la universidad difícilmente suspende labores- aseguré, pero fue tal mi sorpresa cuando insistieron en la orden, aclarando que la UNAM estaba incluida en las instituciones para abandonar actividades, -demonios- callé.

Estaba confundida, no sabía si debía o no acudir a la escuela, y entonces, Mariana mandó un mensaje – ¿Estás viendo las noticias wey? tengo miedo, ¿Iremos o no a la escuela?- entonces afirmé que no era mi exquisita imaginación, era real, había una alarma nacional y no era juego. ¿Cómo debía reaccionar?, ¿Con miedo?, la verdad es que estaba intrigada, jamás había pasado esto, digo, al menos en los últimos 19 años de mi existencia o en los 13 que tengo de memoria, entonces contesté…-No se wey , yo creo que no iré, tu vives más cerca, si te das una vuelta y hay clases avísame, yo también tengo miedo-.

Me acosté aún consternada y acongojada, -¿Será verdad?- me cuestioné, –Menuda broma si no es así- caí muerta.Pretendía despertar a las 6 y consumir un poco de televisión temprana, desechar la idea de la suspensión de clases, enlistarme, desayunar y partir a la FES; desperté a las 10 de la mañana, por un momento caí en desesperación al olvidar la razón de mi cómodo sueño, salte a un lado de la cama y recordé, -¡Ah si!, esa alarma de la llamada influenza porcina, -¿Será verdad?- me cuestioné una vez más.

Mentiría al tratar de narrar el resto de mi día, sinceramente no lo recuerdo ni exacto ni preciso, solo hago presente la abrumante información difundida por los medios desde aquel día 25 de abril. Mamá estaba tan asustada que no se quitaba el cubrebocas ni para dormir, bueno, exageré un poco, mi hermana no deseaba ni de chiste que mis sobrinos asomaran ni las narices a la superficie, yo jugaba el papel de una esclava negra; lavaba, limpiaba, planchaba y barría, después jugaba el de una reina desobligada y floja, a veces veía películas, otras jugaba en la computadora, me conectaba al vicio por excelencia, Internet, leía, intentaba estudiar, sin triunfo, dormía, comía y dormía y dormía más, si tenia suerte Sam venía a verme; me sentía un parásito gordo y aburrido, no había nada, en toda la extensión de la palabra, averigüé que era el encierro, el miedo, la desesperación, la duda y el ocio lo que me mantenían con vida. Papá vivió los días mas desesperantes de su vida, su parte en la contribución al sustento de esta pequeña y gran familia proviene de una cafetería, obligada a cerrarse por la “contingencia”, literalmente, ya conocida por todo el mundo, poniendo entre comillas contingencia deseo citar al Diccionario de la Real Academia Española, que define a ésta como la posibilidad de que algo suceda o no suceda, pregunto, ese miedo, ese terror, esa angustia, recelo o aprensión que se apoderaba de cada individuo, a causa de eso que podía o no podía y que aseguraban que ya estaba pasando, ¿no estaba de más?; mi abuela moriría primero de un infarto por la manera en que anunciaban la “contingencia”, antes que por la influenza Porcina, Humana o AH1N1, y es que el miedo, por que no difundían otra cosa, era en demasía.

Siempre creí que los periodistas son, o somos los encargados de informar oportunamente a la gente, homogéneamente, y por ello, debemos y tenemos la obligación de armonizar la información pensando en informar, valga la redundancia, más que en convencer o asustar, buscando la veracidad y las palabras correctas o adecuadas para llegarle a todo tipo de público, yo quizás me relajé y absorbí la información para analizarla y obtener mi conclusión, pero gente como mi abuela, sólo asienta la información como un dogma, alterándose y sugestionándose, cosa que no debería ser.

Información confusa, cifras contradictorias, teorías inciertas y de dudosa procedencia, que si era una guerra bacteriológica, una estrategia para amenizar la culminación de la crisis y la devaluación del peso, una distracción para que Calderón vendiera PEMEX , que si empezó aquí, que si empezó en Estados Unidos, que si salió del cerdo, que salió de las aves, que si de los humanos, -¿Será cierto?- me pregunté tres veces más; cuando me desperté y vi las noticias, cuando comí y vi las noticias, cuando cené y las cifras en las noticias eran otras a las de la mañana, a las de la tarde y a las de otras fuentes de información.

Aún hoy, después de que la marea empieza a cesar, no conozco un sólo caso de influenza, quisiera decir afortunadamente, pero la realidad es que desearía conocer uno y despejar esa duda, ya que si fue y es real, el gobierno mexicano, sin evitar ser despectiva, merece un aplauso, lo digo porque eligió tan bien las medidas de prevención y combate a la influenza, que nadie, absolutamente nadie de las decenas de personas que conozco contrajeron el virus ni se enteraron de un caso, y me limito a un aplauso, por que aún no resuelvo, sin vacilar tanto, la interrogante a la falta de medicamento, vacunas, atención medica gratuita, como lo dicta la ley, y abastecimiento de cubrebocas.

Y sigo preguntándome -¿Será cierto?-.Más de quince días caóticos, ¿La manzana de la discordia? la influenza, llamada finalmente AH1N1, y hoy estoy un tanto harta de ella, no sé si se despejarán mis dudas un día de éstos o un día de aquellos, pero por esta vez maldita influenza, culpable del miedo en mucha gente, entre ellos mi familia, causante de mi encierro, ocio y aburrimiento, responsable de la perdida de dinero, clases, tiempo, buenos y malos momentos, causante de hipotéticas muertes y enfermos, muérete tu también.

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