jueves, 11 de septiembre de 2008

Mismo enfoque, misma luz


Muñoz Mejia Miriam


Zócalo de la Ciudad de México, 30 de agosto, ocho de la noche con 25 minutos, toda la explanada se tiñe de blanco, un blanco de petición. Mujeres, hombres, jóvenes y niños, todos a la expectativa, todos, sin importar ni tomar en cuanta el status social, unos más enterados, otros con la petición de seguridad en los ojos, y muchos más solo por estar, pero sin duda alguna concentrados en el mismo fin, todos con la misma luz.

Miles de personas, miles de voces haciendo vibrar la explanada del Zócalo, con la entonación del Himno Nacional Mexicano, un himno lleno de sentimiento. Y un ¡México! ¡Queremos paz! ¡México!, se hizo sonar, lleno de indignación y hambriento de un cambio.

Las pancartas no podrían faltar, peticiones y un sin número de reclamos, se expresaban en cada una de ellas, al igual que en la mayoría de los presentes. Todos con una historia de inseguridad que contar.

Tal y como se mostraba en el rostro de Elena Gabrillo, que aun sin llevar pancarta alguna, en sus ojos expresaba el reclamo absoluto, ella una ama de casa, residiendo en Torreón Coahuila y llegando hasta aquí con la única petición, que se acabe la inseguridad, comentó; “tengo un hermano que está amenazado por los zetas y si no entrego un dinero pues…” y un nudo en la garganta que estalló en llanto, le impidió terminar con lo comentado. Respecto a esta situación -¿Qué hacen las autoridades? “Mira, no, no hacen nada, esto es en Torreón Coahuila, a la gente que acude a la policía los matan, entonces, ni mi hermano ni mi familia pueden hacer algo”.


¿Qué propone usted? ¿Cómo cambiar esta situación? “Pues, deberían modificar las leyes, como dicen, cadena perpetua ya de plano, porque yo lo siento por toda la gente que lo esta viviendo y por lo que le puede pasar a mi hermano y a mis hijos en un futuro”.


Sin duda como la historia personal de Elena hay un sin numero de situaciones diversas, hay una infinidad de injusticias, Roberto Gutiérrez un capitalino taxista, nos da muestra de ello, ya que por el mismo motivo de Elena, el asistió a la marcha, “soy taxista, me quedé desempleado, soy diseñador gráfico, entonces no había opción, agarré el taxi”, no hay alternativa, como no la hubo para la indignación de un ataque de violencia, “me han asaltado cuatro veces, una de ellas, una pareja me llevó a la colonia Nueva Atzacoalco, con pistola me bajaron del carro se lo llevaron y lo desarmaron todo”, irritada, la voz de Roberto se hacia sentir, al poner de nueva cuanta en evidencia a las autoridades por su respuesta a tales actos, “nadie hace nada, no hay ningún seguimiento, ahí quedó”.


Ya han pasado casi tres años, de aquella primera marcha y hoy por hoy las cosas no cambian demasiado, “la otra vez hace tres años, vine a lo mismo y no ha cambiado nada” verdadera paz, es lo que se pide a voz abierta, tranquilidad, es lo que se necesita, “ya estoy harto de esta situación, ojalá que ya haya algo en México que pueda hacer un buen cambio que me deje trabajar a gusto lo único que tengo, ya que no soy diseñador gráfico, es el taxi, y está viejito mi taxi, y de todas formas a cada rato me están asaltando, ya que se acabe esto”.


En definitiva, no podemos seguir como hasta ahora, y el sonoro y sentimental ¡Queremos paz! ¡México!, se hace notar con un gran toque de molestia, de indignación.


Necesitamos un verdadero cambio, y este será resultado de una verdadera cultura y educación, hagamos que el país se tiña de blanco, pero esta vez que no sea de petición, sino de renovación.

1 comentario:

jorge Mtz. palafox dijo...

Me agrada mucho el estilo de Miriam, es placentero hacer la lectura. Creo que tiene esa habilidad de describir a la perfección el ambiente y hacernos sentir lo que sus entrevistados. El final fue bueno, aunque tal vez pudo haber llevado todavía más fuerza...bien Miriam, te rifaste¡¡